Sierra de la Ventana, la estación-museo que sueña con el regreso del tren

En 2018 dejaron de llegar trenes de pasajeros y la estación se transformó en un gran museo armado a pulmón por su último jefe, de tradición ferroviaria.

En otras épocas, en la estación Sierra de la Ventana se detenían hasta tres trenes de pasajeros por día. Todos partían de Constitución y tenían diferentes destinos: uno iba a Bahía Blanca, otro a Neuquén-Zapala y el tercero, a Bariloche. Trenes enormes, con tres clases, camarotes, vagón restaurante y hasta chapas automovileras (para cargar autos).

Pero en la década de 1990 comenzó la decadencia, y no se detiene: en 2018, el gobierno de la provincia de Buenos Aires liquidó la empresa Ferrobaires, y la estación Sierra de la Ventana quedó en silencio, excepto por algún tren de carga que pasa cada tanto, sin detenerse.

El pueblo entero lo sufrió, pero pocos como Marcelo Fabián García, el último jefe de estación, oficio que heredó de su padre.

Los García llegaron a Sierra en 1977, cuando al padre de Marcelo lo nombraron jefe de la estación: se mudó con su mujer, Adela Salazar, y sus hijos, Rubén Darío y Marcelo Fabián, y todos dedicaron su vida a la estación, muchas más horas que las que dicen los reglamentos, porque amaban lo que hacían. En 1981 Ferrocarriles Roca les dio un premio por tener “la mejor estación de la línea”.

En 1988 falleció el jefe de la familia y lo sucedió su hijo Rubén Darío. Cinco años después reabrió la estación Saldungaray y Marcelo fue destinado allí, pero luego hubo un enroque, y los hermanos intercambiaron jefaturas. Marcelo no podía imaginar entonces que llegaba a su querida estación para tener que cerrarla.

Pero no se dejó ganar por la desesperanza, y dedicó sus energías a armar un museo, recolectando objetos relacionados con la historia del tren.

Buscó, preguntó, rastreó y fue recuperando pequeños grandes tesoros: antiguos teléfonos, máquinas y bastones piloto del viejo sistema de postas, chapas, placas del Ferrocarril del Sud -cuando era inglés-, y de tiempos posteriores, cuando se estatizó.

También viejas salamandras y lámparas, una zorrita de una cuadrilla soldadora, rieles barlow de 1849 y hasta una hermosa “ferrocleta”, una bici para circular sobre las vías, con tres ruedas equipadas llantas de Ford A. Todo está impecable, recuperado y pintado como era originalmente.

Y aunque lo lindo sería que volvieran a pasar los trenes, por ahora queda un “premio consuelo”, y es que la estación Sierra de la Ventana haya sido declarada “Sitio Histórico Cultural”.

Así que ya sabe, si anda por estos pagos, no se vaya sin pasar aunque sea un rato por la estación. Por la historia del ferrocarril en la Argentina, por la historia de la familia García y especialmente por Marcelo, que sigue dedicando su tiempo y sus energías a una estación que, quién sabe, un día reabrirá, sueña. Y se le iluminan los ojos.

Fuente: Clarín