¿Qué se puede esperar del dólar el 28-O?

La pregunta, hoy recurrente, muestra cuán soberbios somos, e incapaces de reflexionar sobre nuestros errores. Porque la economía argentina es muy pequeña como para influir en el dólar al que no se le moverá un pelín. La aclaración no es tonta, porque es importante remarcar que lo que va a estallar, el problema, es el peso.

El que también podría estallar, de no ser por su poder político, es el FMI. Escribió Arturo Porzecanski, en el Financial Times, que en 2018 el organismo prometió desembolsos por u$s50.000 M (35.400 M de DEG), 11 veces la cuota argentina del FMI, superando a los programas con Brasil en 2002 (DEG 22.800 M) y Grecia en 2010 (DEG 26.400 M). Y luego ofreció ampliarlos a u$s 57.000 M, 13 veces la cuota, con lo que tendría problemas si Argentina defaulteara ya que los desembolsos realizados llegan al 47% de sus créditos totales en el mundo.

Gran parte de esos dólares se vendieron para aumentar la oferta de modo que no suba de precio, cuando el problema es el peso que baja. Desde principios de abril, el BCRA dilapidó más de u$s30.000 M.

IPC, inflación y precio del dólar son cosas distintas. El aumento del IPC es una variación de precios en la que el dólar incide en un estimado 40% vía passthrough y muy ligada a la inflación cuando la suba es generalizada, es decir, cuando el valor del peso cae, dada la inflación que es la exagerada oferta -emisión- monetaria sobre la demanda en tiempo real.

De hecho, mientras el BCRA contiene el precio del dólar oficial, empujado por la inflación sube el IPC 5,9% en septiembre y 53,5% i.a. Algunos supermercados aseguran que aumentaron los precios luego de las PASO un 17%, amortiguado por la rebaja del IVA, luego otro 16% a fines de septiembre, y finalmente, un incremento vigente a partir del 28-O de un 14%.

Claramente, vender dólares baratos y limitar la compra no detiene la inflación, sino que la aumenta. Para vender verdes rebajados se endeudan provocando una suba en las tasas de interés y la consecuente absorción de fondos para la producción, así, cae la demanda de dinero. Los dólares baratos, además, desalientan la exportación y la producción cayendo aún más la demanda de dinero. Sube la tasa de los plazos fijos y ya paga 55% anual por plata chica y 58% por grande, mientras que por las Leliq se sigue pagando 68%. Y todo es demanda de dinero absorbida que va a especulación ya que la producción no toma créditos con esas tasas. Y sigue.

La brecha entre el dólar CCL y el MULC es de casi 36%, entre otras cosas, impulsado por una demanda de cobertura de empresas que, por el cepo, no pueden adquirir divisas para atesoramiento y la salida de fondos de inversión ante la proximidad del “28-O” y el temor a un endurecimiento del “cepo” tras el drenaje de reservas del BCRA. Así, aumenta el CCL que a su vez presiona sobre el IPC y sobre la inflación desde que supone un aumento del atesoramiento cayendo la demanda de dinero.

Debido principalmente a una “inflación reprimida” -momentánea baja del IVA, congelamiento del precio de la nafta, etc.- que acumularía un 30% hasta enero, Delphos Investment, en el escenario Base, proyecta que el dólar CCL tendría un soporte en los $68,9, $73,8 y $78,1 para noviembre, diciembre y enero, respectivamente. Y la zona de overshooting alcanzaría los $94,9, $101,5 y $107,6. Y se van quedando cortos. Pero no es inflación reprimida, sino IPC reprimido, lo que podría ser inflacionario si este estallido del IPC “forzara” al Gobierno a emitir.

Y quedan muchos ángulos como el “pure” -comprar oficial y vender blue ganado hoy un 12%- creado a partir de la venta barata de dólares y los límites de compra, que alienta la compra y en sí es inflacionaria porque desvía fondos productivos, ergo cae la demanda de pesos y come reservas.

Durante la reciente Exposición de Inversiones de Rosario (Einros19) era opinión mayoritaria que sobrevendrá una segunda caída en las Bolsas -25% en dólares- y bonos -20%- con una marcada diferencia según su legislación siendo los de ley local los más afectados. Difícilmente sea oportunidad de compra ya que, para eso, si Alberto Fernández ganara, debería demostrar que no seguirá cayendo la economía, cosa nada clara.

O sea, en tanto vende dólares baratos y les pone “cepo” evitando que se desaliente la compra del dólar al encontrar su precio de equilibrio natural en el mercado -que es la interacción económica de los millones de argentinos en tiempo real- el Gobierno hace fuerza para que “el dólar estalle” el 28-O acicateado por la incertidumbre y/o novedades políticas. Aunque asegurar que “estallará” es imposible ya que el mercado es imprevisible la que, dicho sea de paso, es la causa por la que fallan los gobiernos al imponer un “modelo” planificado con anticipación.

El modo sano -no el “ajuste” al estilo FMI- de bajar la presión fiscal, y la inflación, es vender las incalculables propiedades estatales inconvenientes. De hecho, según el ITE-FGA, el superávit de 0,1% de enero-septiembre sería un déficit de 0,3% de no ser por la venta de dos centrales térmicas, acciones de empresas que pertenecían al FGS -los ingresos de capital sumaron $624 M en abril, $195 M en mayo, $64.572 M en junio, $12.393 M en julio, $11.730 M en agosto y $13.633 M en septiembre- y la liquidación del Fondo Argentino de Hidrocarburos por $8.524 M.

(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

Fuente: Ambito