«No puedo dejar pasar una semana sin ir a White»

Desde sus inicios en los Scouts y en el cuerpo de Bomberos, hasta su vínculo con el Proceso Apell; el repaso de la historia de Chiche Bartolomé con su querido Ingeniero White abrió un cofre lleno de recuerdos.

Repasando su rica historia personal dentro del cuerpo de Bomberos y su fuerte vínculo con la localidad, Chiche Bartolomé fue el invitado que formó parte del 103º capítulo de IngenieroWhite.Com, en los estudios de La Brújula 24.

«Lo primero que puedo decir es que tuve una infancia muy feliz, en calle Cárrega 3374, entre Knout y Plunkett. Era un sector con un movimiento comercial muy grande, ya que en la esquina funcionaba la conocida carnicería Luciani, que abastecía al barrio y también era proveedor marítimo. Era un barrio de inmigrantes, con gente solidaria y muchas relaciones en conjunto entre las familias», rememoró.

–¿De qué modo empezó su relación con las instituciones whitenses?
–Empecé los estudios en la Escuela 15, en calle Siches frente a La Siempre Verde, donde tengo recuerdos maravillosos. Me acuerdo el cariño y el respeto que le teníamos a las maestras, eran algo supremo. Uno venía con un aprendizaje de la casa y la maestra combinaba disciplina y ternura de una forma muy especial.

«Después seguí mis estudios en la Escuela Técnica, siendo egresado en 1964. En el grupo de estudio, eran todos compañeros de Bahía salvo Miguel Angel Mishevitch, quien era el otro de White junto a mí», amplió Chiche.

–Dejando de lado la etapa escolar, ¿cómo fue la experiencia vivida en la Agrupación Scout?
–Fue como un desprendimiento del barrio y la novedosa posibilidad de conocer a chicos de otros sectores de White. Ingresamos en el año ’57, junto a Héctor Ocampos y Carlos Di Meglio, y vivimos experiencias gratas. Tuve la posibilidad de ser dirigente y guía de patrulla y compartir momentos con instructores como Rodolfo Gil o Raúl Gómez.

–¿Cómo fueron apareciendo los bomberos dentro de su vida?
–Generalmente, cuando uno salía del servicio militar se casaba al poco tiempo. En mi caso no, lo hice a los 36 años, con mi señora María Teresa Sardi, del Barrio Las Colonias. Los últimos 2/3 años en los Scouts coincidieron con el ingreso al grupo de cadetes de los bomberos, en 1960. Con 18 años, empezamos los entrenamientos para luego de 2 años salir a apagar incendios.

«Yo fui bombero activo durante 8 años, y luego, como me tuve que radicar en Bahía Blanca, dejé mi servicio en el cuerpo activo y pasé a la comisión directiva: estuve 14 años como secretario y 11 como presidente, entre los años ’70 y ’95», apuntó Bartolomé.

–¿Qué recuerda de aquellos tiempos en el cuerpo activo?
–Una cantidad de experiencias increíbles. En esos tiempos, la edad impulsaba a uno a ponerse frente al desafío y asumir el riesgo. Al ingresar a la institución, fueron surgiendo valores como la solidaridad, el desinterés, abnegación y altruismo. Uno recuerda la adrenalina que generaba ir a un incendio en casas de familia y cómo lo movilizaban esas situaciones.

«Casos puntuales, como el silo, fue algo espantoso. Dentro de las 23 víctimas se encontraba Rubén Aceituno, quien estaba cumpliendo con su misión en el ascensor cuando fue alcanzando por la onda expansiva. También casos como los tanques de petróleo, que ardían y exigían tareas intensas para controlar el fuego», recordó.

SU VINCULO CON EL PROCESO APELL
«El programa surgió por una iniciativa de la Sociedad de Fomento, a raíz de las inquietudes que generaban las primeras industrias del polo. Nos vinieron a ver a nosotros y luego de una reunión con los directivos de estas empresas, nació el programa con un desarrollo original difundido por Naciones Unidas en sus orígenes. La coordinación operativa, los estudios de riesgos potenciales y la preparación de la comunidad son un ejemplo y hablan del desarrollo que ha alcanzado el Proceso Apell».

EL PRESENTE DE LOS BOMBEROS Y DE WHITE
«Me siento satisfecho y orgulloso por el camino recorrido. Uno ve que el cuerpo de bomberos sigue progresando y capacitándose, con una marcada presencia a nivel federativo. Sinceramente no puedo dejar pasar una semana sin ir a White. La nostalgia siempre está y me encuentro con valores enormes cuando voy a la mutual ferroviaria o al mismo cuartel. Ojalá las promesas sobre el desarrollo que puede llegar a White desde el sector industrial le den a la localidad un impulso importante».