«Los bomberos es lo máximo que tengo»

Prácticamente desde su nacimiento, Pipo Luciani estuvo cerca del cuartel de bomberos hasta llegar a formar parte del cuerpo activo. Una historia que incluye todo tipo de experiencias y hasta su casamiento, en el propio cuartel.

Haciendo un repaso sobre su pasado en una entidad emblemática como los Bomberos, y el fuerte vínculo que lo sigue uniendo con todo lo relacionado al cuartel, Pipo Luciani formó parte del cierre de la primera semana de marzo de IngenieroWhite.Com, en el aire de La Brújula 24.

«Mi historia comienza con la llegada de mis abuelos, quienes constituyeron una familia de 7 hijos; de ahí que todos los Luciani que hay en White somos parientes. Yo nací en calle Avenente al 3900 y actualmente vivo al lado de esa casa, junto a mi espora Miriam», fue lo primero que deslizó Pipo.

«Si bien nací en esa dirección, cuando tenía 2 años mi papá se instaló en la esquina de Belgrano y Mascarello, en la cuadra de los Bomberos, dedicándose a la carnicería. Previamente había estado en Cárrega y Plunkett, se fue a Buenos Aires y volvió al sector de calle Brown, al lado de lo que era la cancha de paleta. En definitiva, me crié prácticamente adentro del cuartel», aseguró.

–Si bien la cercanía era un motivo válido, ¿cómo fueron los pasos previos a ser bombero?
–Carlos Grecco, que era un compañero y amigo, me propuso ingresar y ser mi referente o garantía. Aparte, mis amigos de siempre eran Orlando Bartolomé, Mazzone, Jorge García, Neme, entre otros. Estábamos todo el día metidos en el cuartel y fue imposible no terminar ahí. Así que cuando cumplí los 18 empecé a integrar el cuartel.

–¿Recordás los primeros incendios e intervenciones en siniestros?
–Sí, me acuerdo del tanque que estaba en el galpón de máquinas y solía prenderse fuego debido a restos de petróleo que ardían ante las altar temperaturas. El primer incendio que fui fue en la cancha de paleta que mencionaba antes, que pertenecía al padre de Rupp (fallecido en el hundimiento del pesquero Narwal).

«Además, mi segunda intervención fue en el famoso incendio del tanque, donde está la planta de Cargill. Fue un domingo a la tarde y recuerdo que estaba comprando cigarrillos con Jorge Grecco, en el casino de los bomberos. En ese momento, estaba jugando Comercial con Olimpo, y el Flaco Romagnoli, que atajaba en Comercial, dejó el partido junto a Liberti, otro chico de White que estaba en el equipo, para asistir al incendio. La explosión fue tremenda y algo nunca antes visto», reconoció.

–Dejando de lado los incendios, ¿en el tintero hay anécdotas con animales?
–Sí, así es. En el año ’89, yo estaba como encargado de brigada y llamaron desde una casa diciendo que había un «gato grande» suelto. Se trataba de un puma, al cual traté de envolver con una lona y tener el coraje para sacarlo de ese galpón. Lo anecdótico es que me alcanzó a morder un dedo y me tuvieron que poner algunos puntos.

–Los bomberos fueron tan significativos en tu vida que hasta tu casamiento se celebró en el cuartel. ¿Es así?
–Fue algo inédito, por lo menos en los últimos 50 años. Todo empezó cuando mi mentor, Antonio Colace, me designó como secretario de actas del cuerpo activo. Allí conocí a mi señora, quien se desempeñaba como secretaria administrativa; una cosa llevó a la otra y nos pusimos de novio. Como los dos éramos integrantes del cuerpo, me propusieron celebrar el casamiento en la institución. Fue algo novedoso y coincidió con un momento de despegue de la entidad, con la llegada de los primeros equipos de handy y demás, en el año 1980.

–Por último Pipo, ¿cómo lo ve a White actualmente?
–Si bien noto que progresa, no veo a la época actual tan acelerada como en otros tiempo. Me acuerdo en los ’80 que, con el auge del centenario, fue un progreso explosivo, con la llegada de asfalto, obras sanitarios, luces. Hoy no lo veo tan rápido.

«En contrapartida, algo a favor se resume con este ejemplo. Cuando se produjo la explosión del elevador 5, participé como perito, ya que trabaja allí y pude apreciar que las medidas de seguridad prácticamente no existían. Ahora es diferente, la preparación es otra y los niveles de exigencia para las empresas también», concluyó Luciani.