La búsqueda del fernet premium

Un grupo de bon-vivants amantes del licor de calidad quieren dar un batacazo al establecido mercado de los fernets con una propuesta enfocada a vinotecas y bares de alta gama.

Una botella cristalina, una etiqueta que évoca el art noveau. Hernán Vecchioni, uno de los tres socios detrás del nuevo fernet Premium Nero 53, quiere que su marca se distancie lo más posible del lider del segmento, el prestigioso Fernet Branca que, para colmo de males, acaba de cumplir 170 años en esta tierra. «Había que diferenciarse enseguida en concepto de marca con el líder el segmento porque decís «fernet» e imaginas una botella verde, con una etiqueta determinada. Había que despegarse desde el vamos porque muchos que quisieron copiar la formula fracasaron. En parte porque el producto no cerraba pero también por no crear una identidad marcaria propia», reconoce.

Nero 53 es un producto Premium que no se vende masivamente en supermercados y cuyo objetivo es alcanzar un macro 2% del marketshare de la categoría algo «muy posible», según Vecchioni, si se apuesta un poquito. No es jugar a la ruleta tampoco: la idea es que el producto se venda en vinotecas en todo el país, ya llegan a todo Gran Buenos Aires y Provincia, con pedidos al interior específicos por ahora- en conjunto con otros vinos y espirituosos de calidad. Nero 53 no es cualquier fernet: su formula, asegura Vecchioni, es mucho más suave y el producto se añeja un año en su planta boutique para acabar el elixir en las mejores condiciones. «No es un producto masivo- reconoce- y eso hace que nos enfoquemos más en la calidad. Para llegar a esta formula estuvimos investigando un año y medio y, al principio, solo lo tomábamos con amigos a los que les gustaba mucho. Cuando decidimos comercializarnos, no cerramos con una gran marca y pensamos lanzarnos por nuestra cuenta con el apoyo de familia y amigos».

De familia italiana los tres socios comprendían una cosa o dos acerca del proceso de destilado y la combinación de hierbas para lograr un producto consistente. El problema no está en el producto sino con las barreras que hay que superar para una startup alimenticia despegue. «Para ser emprendedor hay que tener paciencia; ganas. Las barreras son incontables. Si bajas un escalón hay que subir dos. Ser una empresa nueva con un solo producto en cartera y, obviamente, competir en consumo masivo es muy difícil. Por eso armar una red comercial y ofrecer un producto probado es la prioridad». Dos de sus socios, por ejemplo, ya se dedican 100% al proyecto que, esperan, pueda llegar también a los bares Premium de Buenos Aires como logró Tato Giovanoni con su Gin Príncipe de los Apóstoles.