«Donde aparezca la palabra White, para mí es un orgullo»

Si bien hace más de 20 años se marchó de su tierra, Alberto Mazzello siente un profundo amor por la localidad que lo vio crecer. Una historia que combina familia, trabajo, amigos, fútbol y forografía.

Aprovechando su estadía en la localidad, Alberto Mazzello, un whitense radicado en Viedma por cuestiones laborales, formó parte del 97º capítulo de IngenieroWhite.Com, en La Brújula 24.

«Cada oportunidad que tengo para venir a White lo hago. En el año ’93 me despegué de mi lugar para trabajar en Pepsi; luego, en el ’95 me instalé en Río Grande y cuando surgió la chance me vine a Viedma para estar más cerca de mi familia», resumió Alberto, quien actualmente trabaja en la Compañía Quilmes.

–¿Cómo fueron tus años de juventud en la localidad?
–Soy hijo de una familia de clase media, mi padre era empleado de la Cooperativa y mi vieja, ama de casa. Tengo 45 años y nací en la habitación 4 del Hospitalito de White. Hasta los 4 años, vivía en calle Belgrano casi Plunkett, y después, en Avenente, entre Lautaro y Sisco.

–¿Mantenés relación con amigos de esos tiempos?
–Tengo contacto con el «Reca», Pablo Recalde, el actual director técnico de Comercial, con quien compartí desde el Jardín hasta la secundaria. Me acuerdo que jugaba muy bien al fútbol, era un jugadorazo. Mis amigos eran todos de Plunkett, como Adrián Petercic, Walter Miglietto, Marcelo Mazzella, Gustavo Vargas. Con las redes sociales ahora es más fácil estar en contacto.

–¿Con qué instituciones de White tuviste relación?
–El Jardín lo hice en el 905; la Primaria, en el Sarmiento y, luego, fui a la Técnica. De los profesores que tuve recuerdo a Sarita Cappelletti, con quien aprendí muchísimo. Al mismo tiempo, a los 7 años, empecé a ir a los Scouts de la Pilling, donde llegué a ser dirigente.

«En esta visita, calculé las vacaciones para ir a la cancha el domingo pasado a ver a Comercial. Le puse la camiseta a mi hija y fuimos a ver el partido. En Viedma, tengo cerca a un emblema comercialino como el Ñoqui Santiñaque», destacó Alberto.

–¿Cómo encontrás a White cada vez que tenés la chance de volver?
–Lo veo diferente a la época en la que me fui. Antes, el centro estaba concentrado en calle Belgrano, donde estaban los bancos; y ahora está corrido a la zona de la avenida San Martín, que está muy coqueta. A White siempre lo veo bárbaro.

«Mi familia está en White y yo a todo al que conozco le pinto que White viene después de París, Barcelona y Nueva York. Cuando uno está afuera, lo extraña muchísimo y se da cuenta que es un lugar especial. Lo mismo pasa con Comercial. Incluso, estoy esperando el próximo clásico con Huracán para llevar a unos conocidos a conocer la cancha», destacó.

–¿Pensás en volver definitivamente a tus raíces en algún momento?
–Mi deseo es terminar mi vida en la misma casa donde me crié. En Viedma estoy cómodo y es una ciudad tranquila, aunque nunca voy a dejar de venir a White.

LA FOTOGRAFIA, UN LUGAR ESPECIAL
«En 2008 me compré mi primera cámara y fui teniendo mi espacio en un estudio fotográfico que un conocido montó en Río Grande. Cada vez que vengo a White saco alguna foto del puerto, de la avenida, de la cancha. Hace dos años, en un partido con Liniers, pude entrar a la cancha y aproveché a sacar fotos de la tribuna y los jugadores. Y en el 131º aniversario de White participé de una exposición de fotos que se llevó a cabo en el puerto».