«¡No sabés todo lo que tengo en la cabeza! Necesitaría escribirlo», nos comentó la vecina Graciela Ruiz, unos días después de la inundación.
Desde entonces, el Museo propone a vecinas y vecinos (en particular a quienes han participado de sus talleres de escritura o de otros proyectos que los vinculan al museo hace años) escribir un cuaderno contando sus experiencias de la inundación.
Los cuadernos llegaron puerta a puerta y algún día van a formar parte de nuestro Archivo de Documentos. Porque la historia ya está sucediendo. Y porque se escribe con el pulso.