miƩrcoles 29 de abril de 2026
IngenieroWhite.com
Icono del tiempo 19°C

Despejado

Ver pronóstico extendido
  • Inicio
  • Locales
  • Puerto
  • Industria
  • Cultura
  • Secciones
    • Nacionales
    • Internacionales
    • Deportes
    • Institucionales
    • Instituciones
  • Alertas
  • Contacto
Sin resultados
Ver todos los resultados
IngenieroWhite.com
  • Inicio
  • Locales
  • Puerto
  • Industria
  • Cultura
  • Secciones
    • Nacionales
    • Internacionales
    • Deportes
    • Institucionales
    • Instituciones
  • Alertas
  • Contacto
Sin resultados
Ver todos los resultados
IngenieroWhite.com
Sin resultados
Ver todos los resultados
Inicio Historia

Las Cantinas Whitenses

Todos los grandes personajes de Guaite, se nutrieron en las noches del bar ā€œMiguelitoā€. Las tripulaciones extranjeras, se dirĆ­an que tenĆ­an un destino fijo al llegar al muelle, el Bar ā€œMiguelitoā€.

Ingeniero White de Ingeniero White
25/07/2015
en Historia
A A

LA PRIMERA CANTINA WHITENSE (Que no fue)

ZingarellaEn toda actividad humana estĆ”n los sentimientos –¿egoĆ­stas?- sobre la paternidad de acontecimientos, el haber vislumbrado primero, el Ć©xito o el fracaso del algĆŗn evento.
Surgiendo entonces, el sentencioso ā€œĀ”Yo te lo dije!ā€
Entonces como no iban a surgir en esa explosión social, que representaron las cantinas en Ingeniero White.
Si nos atenemos a la historia cronológica la primera fue la del ā€œRey del ChupĆ­nā€, la ā€œCantina Miguelitoā€, si analizamos el fenómeno desde el plano de la popularidad, surge con perfiles nĆ­tidos la ā€œCantina Tulioā€ y sus secuelas con otras denominaciones pero invariablemente llamada ā€œla cantina de Tulioā€. Si lo vemos desde el plano de la permanencia, quedan las cantinas ā€œRoyalā€ y ā€œMichoā€. Y cada una merece un tratamiento particular, por sus tĆ­midos inicios, son verdaderos aguafuertes ciudadanos.

Cantina ZingarellaPero cuando en Ingeniero White, la vida social se constituĆ­a con bailes, de verdadera gala, o funciones de grupos teatrales o corales, en los salones de la ā€œSociedad Italianaā€ y de la ā€œSiempre Verdeā€; el cine que asombraba en las salas de ā€œJockey Clubā€, ā€œAĆ­daā€ y otras salas, a alguien se le ocurrió que a ā€œGuaiteā€ le faltaba alegrĆ­a nocturna. Comparaba la nocturnidad de La Boca, una comunidad tan parecida a la nuestra que vestĆ­a su mĆŗsica y su bullicio apenas se escondĆ­a el sol, en una algarabĆ­a incomparable, mezclando la comida italiana, las danzas mĆ”s alegres del mundo que agitaban las coloridas serpentinas, mientras se reponĆ­an los pingüinos vertiginosamente. Y si lo hace un whitense como Aldo Camagni, con sus cantinas La Rossina y Soto il Ponte, porque no podrĆ­a ser acĆ”
Y mientras le daba el Ćŗltimo sorbo al cafĆ©, recordaba las palabras del mĆ©dico que atendĆ­a a su suegro ā€œ aquĆ­ no hay un lugar donde comer pescado, mariscos o langostinosā€. Abotonó su saco, la larga bufanda que le habĆ­a tejido la ā€œmammaā€, lo protegió del frĆ­o de esas Ćŗltimas noches de agosto y salió del ā€œBar Americanoā€ arrancando como siempre para el lado de la estación. Sin saber porque se detuvo y cambió sus pasos hacia la otra esquina. Solo habĆ­a dado unos pasos por Elsegood, cuando en la semipenumbra, lo vio.
Era el sitio preciso. La entrada y las vidrieras, reverberaban las pÔlidas luces esquineras. No recordaba con detalle qué negocio había ocupado ese inmueble, pero sí su amplio salón que había sido lugar de reunión de la muchachada. (El viejo edificio fue demolido y algunos años después se construyeron instalaciones para un banco, y finalmente es uno de los tantos locales abandonados, en espera de un mejor destino).
Antonio Campos y los Hnos CastroEntrecerró los ojos, creyó escuchar un acordeón, que acariciaba un desafinado paso doble.
Y hasta las luces multicolores lo hicieron parpadear repetidamente…
Ese acordeón serĆ­a Carmelo Lupo ,ā€œMelónā€ Troncoso, tal vez el ā€œPatoā€ Genovesse, la viola del ā€œNegroā€ Figueredo. EstarĆ­an Antonio Campos, Tulio, Florindo Genovali, Hilario Landriscina, el ā€œBetoā€ Boccanera, ā€œCrĆ­ticaā€ Luciani y cuantos mĆ”s…
-ĀæVamos para casa? – el sueƱo, mĆ”gicamente, desapareció en la frĆ­a noche.
Era su hermano mayor. En las dos cuadras que recorrieron hasta su casa sobre el empedrado, tuvo impulsos de compartir su sueƱo, pero se contuvo.
Pero no pudo dormir. Estuvo haciendo planes que, al principio, les parecieron descabellados. Pero a medida que los volvĆ­a a repasar, se fueron haciendo mĆ”s tangibles, mĆ”s cerca. Tal vez con un poco de suerte y mucho de audacia…
El sonido del despertador, lo encontró aun despierto, pero con un plan de acción, para el nuevo día.
Se afeitó prolijamente. El peine recorrió mĆ”s veces que lo habitual su cabellera negra. Tomó unos mates. Raudamente concurrió al negocio donde trabajaba. Minutos despuĆ©s obtenido el permiso de salida, avanzó decidido hacia el domicilio del propietario del salón donde iba a instalar ā€œsu ā€œ cantina.
Hizo consultas sobre alquileres y tramitaciones de habilitación. Recorrió bazares y mueblerías, consultando precios de vajillas y mobiliario. Completó su periplo preguntando por hasta por manteles y servilletas.
Toda la lista que habƭa acumulado abultaba la cantidad de dinero necesaria. Eran otros tiempos, pero las entidades bancarias no otorgaban crƩditos para locuras de rentabilidad dudosa. Alguien dijo, risueƱamente, una gran verdad, los bancos solo te prestan si demostrƔs que el dinero que pedƭs, no lo necesitƔs.
Cuando volvió a su trabajo tragó saliva y le contó a su patrona que tenía un proyecto en mente y que para llevarlo a la prÔctica, necesitaba saber si ella estaba en condiciones de prestarle el dinero que en principio necesitaba. Su empleadora, sabiéndolo tan responsable y viéndolo tan entusiasmado, le dijo que contara con ese préstamo. Ya estaba. Esperaba ansioso volver a su casa, en el mediodía del sÔbado, para hablar con su familia y concretar su soñada cantina.
Exultante, con palabras que se le agolpaban en la garganta, le contó a su hermana todo el proyecto. Primero fue un ā€œestĆ”s locoā€, pero ante las razones que escuchaba una y otra vez, accedió a participar en el emprendimiento, si el hermano mayor tambiĆ©n estaba de acuerdo, para ocupar tal vez el lugar mĆ”s importante, la cocina.
En la modorra de la sobremesa, luego de una suculenta raviolada que había preparado su hermano para toda la familia, le contó sus planes. El hermano lo escuchó atentamente y hombre de pocas palabras, le dijo que contara con él.
Festejaron la concreción de la primera cantina whitense y hasta encontraron el nombre para su bautismo.
Fue el fin de semana mÔs largo. En vano trató de escuchar los partidos que transmitía el maestro Fioravanti, pero a poco apagó la radio y tampoco esa noche pudo dormir, esperando con ansias el antes odiado despertador. Y si sÔbado y domingo le parecieron interminables, tuvo aun que esperar una semana mÔs ya que su patrona había salido de viaje.
El lunes siguiente devoró las dos cuadras hasta su trabajo y al llegar se cruzó en la entrada con el hijo de la dueña, que subía a un coche de alquiler, con una valija de mano. Le indicó que abriera el negocio, hasta que llegara su madre.
Veinte minutos después, que le parecieron interminables, llegó la dueña del negocio.
Entonces el reloj imaginario de su sueƱo, le tenƭa preparada una desagradable sorpresa.
Sus patrones habĆ­an comprado, para ampliar su actividad, en una localidad cercana. Ɖse era el trĆ”mite que habĆ­a salido a concretar el hijo y con ello se diluĆ­a la financiación de la primera cantina whitense, que no fue…!

CANTINA ā€œMIGUELITOā€

Bar Miguelito Antes de Ser CantinaEl ā€œBar Internacionalā€, segĆŗn una publicación de 1928, se estableció en el aƱo 1911, a media cuadra de la calle CĆ”rrega, sobre la calle Juan Siches 140 segĆŗn la numeración de Ć©poca. La colonia griega, muy numerosa, ocupaba principalmente ese bar donde su dueƱo, Kitcho Nicola, de la misma procedencia, gozaba de la mĆ”s franca simpatĆ­a, no solo de sus connacionales, sino de toda la diversidad de razas que laboraban en el puerto. El cafĆ© que se servĆ­a en ese bar, sus caracterĆ­sticas helĆ©nicas de aroma y sabor, lo hacĆ­a Ćŗnico y peculiar.
En una publicación del Museo del Puerto, se destaca que habĆ­a bares de pescadores, de estibadores y de ferroviarios, que era las franjas mayoritarias de ocupación. Y estaban los tripulantes de buques de ultramar que llegaban al puerto. Ya existĆ­an el bar ā€œUniónā€ en CĆ”rrega y Guillermo Torres; vecino frente a la Sub Prefectura, el ā€œRoyalā€ bar y recreo; sobre esta misma calle, el bar de los hermanos Bugarini; un poco mĆ”s dentro del casco viejo, frente al mercado sobre calle Elsegood, el barā€Americanoā€ de Juancito Giunta y cerrando este incompleto detalle, la virtual sede de Comercial y cita previa como antesala de los bailes de la ā€œSiempre Verdeā€ y de la ā€œSociedad Italianaā€, el bar ā€œCuracĆ³ā€ de los hermanos Luis y Antonio FontĆ”n.

Antonio Campos y Otros ArtistasMiguel Curcio, un personaje de Guaite, como resultado de una mala praxis mƩdica, cuando niƱo, habƭa limitado su crecimiento fƭsico y soportado una joroba, impedimentos que no le permitƭan emplearse, como la mayorƭa de sus amigos, en el ferrocarril o en el puerto.
Instaló en la calle CĆ”rrega, casi Siches, en 1936, una cigarrerĆ­a, donde al parecer su hermano Daniel, ā€œlapiceroā€ por tradición, operaba prolija y rentablemente. Al poco tiempo, se mudaron a pocos metros en Siches y Harris.
Con el fallecimiento de su hermano Daniel en 1942, tuvieron que cerrar la cigarrerĆ­a
Poco tiempo después se pone en venta el bar de Kitcho, en cuatro mil pesos. Se movilizó la familia para tratar de reunir el importe y finalmente se logró con mucho sacrificio.
Un bar que les sirvió de morada a toda la familia. Un bar que, segĆŗn MarĆ­a Curcio, tuvo en ella a la ā€œprimera mujer barman de Guaiteā€, una bar al principio de estibadores que, llegaban despuĆ©s de trabajar en el puerto, a la tardecita. El bar ā€œMiguelitoā€, que en la memoria de sus actores, nació en el aƱo 1944..
Do Meglio Tulio y colaboradoresA pesar de existir varios boliches, (ā€œLa Coloradaā€ y el ā€œLondres, por citar algunos) era tal la cantidad de estibadores, pescadores y tripulantes de buques que agotaban la existencia de tinto y de cerveza.
Lito Hisijos al comentar la cantidad de bares, donas y almacenes con despachos de bebidas, exageraba: ā€œHabĆ­a mĆ”s bares que casas de familiaā€
El bar se hizo, ademĆ”s de punto de encuentro, se hizo peƱa de mĆŗsicos y cantores. Sin pedir permiso al sol, que se escondĆ­a detrĆ”s de los elevadores de GalvĆ”n, juntaban sobre esas mesas, siempre cubiertas de vasos, naipes y amigos, los actores diarios, que se intercambian apodos, reclamando silencio, cuando en el Bar ā€œMiguelitoā€, alguien comenzaba a cantar.
AllĆ­ estuvieron todos, el Beto Boccanera, Cacho Randall, Eladio Luciani, Alberto Luciani, mas conocido por ā€œCrĆ­ticaā€, Tulio, Antonio Campos, Miguelito….
Todos los grandes personajes de Guaite, se nutrieron en las noches del bar ā€œMiguelitoā€.
Las tripulaciones extranjeras, se dirĆ­an que tenĆ­an un destino fijo al llegar al muelle, el Bar ā€œMiguelitoā€. Y en los largos dĆ­as de operación de sus barcos, ocupaban permanentemente sus bulliciosas mesas.
AdemĆ”s algunos ferroviarios solĆ­an pasar, de tardecita, para dejarle a doƱa Felisa, la mamĆ” de Miguelito, algunos pescados para que los preparara, para despuĆ©s de medianoche. Cuenta MarĆ­a Curcio: ā€œY ya tenĆ­amos algĆŗn pescadito, algĆŗn cornalito en la heladera. Mi MamĆ” cocinaba, (…) Y venĆ­an de los barcos para que se les haga unos cornalitos, un pejerrey frito, un chupĆ­nā€
Los efluvios de la cocina, se metían provocativos, entre los marineros de otras latitudes y inevitablemente ocurrió.
Un festejo familiarCon el mismo lenguaje gesticular, conque pedĆ­an cerveza o vino, preguntaron si podĆ­an volver por la noche a comer.
Miguelito trató de explicar que no estaba en condiciones de atender la comida para varias decenas de tripulantes.
Y cuando las explicaciones no alcanzaban e incluso se ponían de tono Ôspero, terció Tulio. Sí, Tulio Angelozzi, que se constituiría, en poco tiempo mÔs, como el indiscutido monarca de las cantinas whitenses.
– Escuchame. Miguelito, llamĆ” al ā€œmusculeroā€ de Boulevard que te traiga los kilos de ā€œmĆŗsculosā€ que harĆ­an falta. DoƱa Felisa, tu vieja como la mĆ­a, los hace como los dioses, se los preparĆ”s y listo el pollo…
Y asĆ­ fue. Los japoneses y rumanos devoraron hasta el Ćŗltimo pedacito de perejil. Y mientras permanecieron en el puerto, sus respectivos barcos, no solo volvieron, sino que llegaron con otros compatriotas.
EDMNDO RIVERO -Cardoso-Totito-GarciaY comenzó una rutina imparable que obligó a colocar una biombo para separar el bar del salón de comidas.
ā€œEra Miguelito y su bar. Ni su familia ni sus amigos podĆ­an imaginar que, aƱos despuĆ©s, muchos artistas de los que escuchaban hablar por radio vendrĆ­an a comer a su casa. Tal vez ni Miguelito adivinaba, entre las mesas del bar, la futura cantina.(…) Faltaba quien se atreviera a reunir de una vez los elementos dispersos: la mĆŗsica, el baile, el vino, el plato de pescado.ā€ ( de ā€œMiguelito, el rey del chupĆ­nā€ editado por el Museo del Puerto)
Pero de a poco hubo que correr el biombo, achicando el bar. Se compró el edificio, se repusieron pisos, persianas y cortinas nuevos. Se cambiaron los artefactos eléctricos y un mobiliario mÔs acorde y funcional
Y nació la cantina ā€œMiguelitoā€ā€¦
Miguelito, viendo el negocio, le pidió a Luis Carbonara, fotógrafo social, que hiciera hacer unos volantes para repartir y hacer conocer que por fin el Puerto tenía un lugar donde la comida, principalmente en base a frutos del mar y la música, y por ende la diversión, podían constituirse en un lugar digno de ser visitado.
Luis, en cambio, creyó oportuno publicar un aviso en el diario local, que encargado a Conrado De Lucía, entonces corresponsal de La Nueva Provincia.
Abrieron con una veintena de clientes y bien pronto comprobaron que el lugar era todavĆ­a escaso. Se decide contratar a un grupo musical estable, ā€œLos bambinosā€, donde estaban NĆ©stor Freije y Julio Genovese. Pero ademĆ”s Tulio Angelozzi, Antonio Campos y los guardatrenes Hugo Arce y el Zorro Aguirre. Este Ćŗltimo cuando habĆ­a que dar una mano, se hacĆ­a cargo de la bandeja y servĆ­a cantando entre las mesas. Pronto renunció a su puesto ferroviario para ser mozo y cantor.
Miguelito, repetĆ­a, con sentimiento, cada noche el tango ā€œA media luzā€
Totito - Kitcho y TulioEl nacimiento de la primera cantina ā€œMiguelito, ā€œEl Rey del ChupĆ­nā€, creció por el empuje de la familia Curcio, principalmente la inteligencia de Miguelito y casi una realización comunitaria de un grupo de amigos.
Muy pronto hubo que seguir ampliando, tirando paredes, que a poco también resultaba insuficiente, así se adicionó el dormitorio de doña Felisa, se agregaron baños y embaldosaron los patios, para poder colocar mÔs mesas y cuando no hubo mÔs espacio para aprovechar se colocaban mesas en la vereda.
Ya doña Felisa había dejado de cocinar, aunque siempre era fuente de consulta y un hijo de su hermano Vicente, el Negro Avagnale, que ella había criado desde bebé, tomó la posta y recorrió la época mÔs gloriosa de la cantina.
ā€œEl Negro aprendió como se aprende en White a cocinar (…) lo hizo de a poquito en forma profesional. Lo fue haciendo y empezó a cocinar para 20, (…) y despuĆ©s tuvo que cocinar para 200. Y se hizo buen cocineroā€ (Julio Genovese en ā€œMiguelito, El Rey del ChupĆ­nā€, idĆ­dem) .
Todas las estrellas de las distintas disciplinas artísticas y deportivas, conocieron la primera cantina whitense. Dejaremos el nombre de algunas de ellas, Mirtha Legrand, Floren Delbene, Gilda Lousek, Daniel Tinayre, Virginia Luque, Alfredo Alcón Mariano Mores, Mario Soffici, Graciela Borges, Juan Manuel Bordeu, Edmundo Rivero, El Chando Rodríguez, Mariano Mores y muchísimos mÔs.
Miguelito inició un camino de amistad, alegría y música, que vivificó la noche whitense. Por suerte llegaron otros que, durante décadas, mantuvieron vivo el legado cantinero de Miguel Curcio.

CANTINA TULIO

Cantina Tulio 1964Tulio Angelozzi. En verdad sobra el apellido. Fue y serÔ para todos simplemente Tulio y nada mÔs que el rey de la noche whitense. Su historia, que fue la historia de las cantinas whitenses, tomó puntos suspensivos, luego de su paso por las cantinitas municipales.
Pero el embrión de esa monumental movida, se inició, con muchos de los grandes hallazgos, casi por generación espontÔnea.
En la calle Elsegood, frente al correo, la vinería de los hermanos Di Meglio (que había sido de Lombardo y Sardi), era centro de reunión de la barra de Tulio. Se acercó un porteño, que indudablemente buscaba ambientes ribereños que añoraba de La Boca y se hizo amigo del grupo, por carÔcter entrador y por que opinaba con criterio de todos los temas, se hablara de fútbol, política, cine o teatro. También pintaba y escribía. MÔs tarde supimos que era amigo de Victoria Ocampo y repetido concurrente a las reuniones que efectuaba la escritora. Y, como lo comprobó la barra de Tulio, cocinaba y muy bien.
Artistas de visita en TulioUna tarde le preguntó a Tulio, si le gustaba la cazuela. Ante la perplejidad de Tulio, que ignoraba de qué estaba hablando, consiguió los elementos necesarios (calamares, mejillones y todo lo demÔs) y la barra saboreó un manjar como nunca lo había hecho.
Tulio se quedó maquinando mentalmente y al rato le propuso poner una cantina y aunque el porteño intentó excusarse ya que estaba próximo a casarse, fue tal la confianza y seguridad que infundía Tulio, que accedió postergando el casorio. Descontaron la aprobación de José Di Meglio, que se estaba reponiendo de una intervención quirúrgica.
Los bancos y las sillas se las compraron a FontÔn y Luciani, la cocina, a crédito, la fió Sabino, y la mesada, la aportó Candell.
Se distribuyeron las tareas. Las paredes fueron pintadas con motivos portuarios, con los elevadores y los barcos; Tulio era el mozo y Carmelo Lupo, cantaba acompañÔndose con su acordeón y la Cantina Tulio, se abrió el 7 de abril de 1960.
Cantina TulioEl impacto fue impensado y tuvieron que ampliar las instalaciones tres o cuatro veces.
DespuĆ©s continuó la gloria en lo que fuera el Cine Jockey Club, ahora con el nombre de ā€œIl Veroā€¦ā€, que tenĆ­a la particularidad de tener la cocina a la vista.
Podía albergar a cerca de seiscientas personas. Y fue el lugar de moda para la recepción de la numerosa colonia artística que se hacía presente cada fin de semana.
Cuenta Ampelio Liberali, en su libro ā€œHistorietas Whitensesā€, que cuando un buen departamento costaba cuatrocientos mil pesos, se hacĆ­an cajas diarias que rondaban los tres millones de pesos.
Entre los que recuerdan los memoriosos, estĆ” Irineo Leguisamo, a quien Tulio le cantó el tango ā€œLeguisamo soloā€, que llegó acompaƱado por Pedro Olgo Ochoa y Mineral; Juan Manuel Fangio, NĆ©stor FabiĆ”n, Nelly VĆ”zquez, Jorge Sobral y muchos mĆ”s como la primera división de fĆŗtbol del Club AtlĆ©tico Boca Juniors, a quien Tulio homenajeó.
Cantina Tulio Los Di Meglio con el Trio musicalEsta época tan sublime transcurrió entre 1967 y 1980, cuando Tulio decidió nuevos rumbos para sus actividades, en el centro de Bahía Blanca.
En la Ćŗltima noche de la cantina ā€œIl Veroā€, cenó y cantó el cantautor italiano Nicola Di Bari.
(Confidencias personales de Tulio Angelozzi y datos complementarios del libro, ā€œHistorietas Whitensesā€escrito por el periodista Ampelio Liberali y editado por el Museo del Puerto).

Nota gentileza: Tino Diez.

 

Post Previo

Suben los intereses de los plazos fijos y flexibilizan los lĆ­mites para las tasas garantizadas

Próximo Post

Audiencia Pública para la implementación de ciclovías

RelatedPosts

Cultura

Francisco «Pancho» Ramírez: El Supremo Sueño de una Patria Libre

de Redactor Prensa
13/03/2026
Historia

Reabrió el Centro de Gestión Cultural Islas Malvinas

de Ingeniero White
08/11/2021
Historia

«White es Gardel por el Círculo Gardeliano, por el barrio y porque Antonio Campos fue nuestro Gardel»

de Ingeniero White
25/06/2020
Historia

El CĆ­rculo Gardeliano de Ingeniero White

de Ingeniero White
31/10/2015
Historia

Elevadores de Granos

de Ingeniero White
17/10/2015
Please login to join discussion

Todos los derechos reservados Ā© 2022 ingenierowhite.com - Desarrollado por Imotion Consulting.

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Locales
  • Puerto
  • Industria
  • Cultura
  • Secciones
    • Nacionales
    • Internacionales
    • Deportes
    • Institucionales
    • Instituciones
  • Alertas
  • Contacto

Todos los derechos reservados Ā© 2022 ingenierowhite.com - Desarrollado por Imotion Consulting.