“Conocí y viví bien de cerca lo que pasaba en Ingeniero White hace mucho tiempo”

Un repaso musical y de anécdotas llevaron a Cacho Vallejos a revivir viejos épocas de la localidad, como la etapa del esplendor del Círculo Gardeliano.

La visita de Rubén “Cacho” Vallejos fue la nota central con la que cumplimos 200 emisiones de IngenieroWhite.Com, en el aire de La Brújula 24, desde el lanzamiento de nuestro ciclo radial en octubre del año pasado.

“Lo viví todo, lo conocí y la letra dice lo que pasaba en White hace mucho tiempo. Al cantarlo te das cuenta de eso y lo remarcás”, indicó Cacho en referencia al tango “Mi viejo White” en la apertura de la nota.

–¿Cómo fueron tus inicios en el tango?
–En el Círculo Gardeliano, creado en 1974; yo entré al otro año. Eso fue algo nunca visto en ningún lado, ya que éramos 12 cantantes del mismo pueblo y con estilos diferentes. Hacíamos eventos a beneficio y juntábamos muchísima gente, como una convocatoria en la Coppel, a beneficio del Hospital Menor, donde hubo más de 600 personas.

“Era otro White y las entradas se vendían entre toda la gente. Con el paso del tiempo, el Círculo se fue terminando, nos hicimos grandes y llegó la última actuación en el teatro de White, en el año ’94”, repasó Cacho.

“Incluso, recordábamos con Cacho Marzocca, cuando hace dos años falleció Pechi Bevans, que somos los únicos dos que quedamos vivos. Me dejó helado”, aseguró.

–Más allá del tango, ¿qué cosas recordás de aquel viejo White?
–La Escuela 116, donde hice desde 1º inferior hasta 7º grado, con Cacho Baley, Hugo Del Run, Susana Melcon, entre otros. Tenemos que cuidar a White entre todos porque es tremenda la decadencia que tiene. Hay mucha gente que nueva que vino a vivir y los viejos cada vez quedamos menos.

DOS ANECDOTAS

La voz. “La cuido y la cuidé mucho. Nunca tomé clases y siempre me manejé solo. Con el tema de la respiración también, siempre solo. La fui moderando a medida que iba creciendo”.

En familia. “Una vez, con 19 años, canté dos tangos en el Tiburón previo al show de la noche. Lo curioso es que el bandoneonista que me acompañó esa noche en el escenario terminó siendo mi suegro”.